Resulta
incomprensible comprobar como aún se discute, aunque felizmente
con menos entusiasmo que otrora , sobre la conveniencia
de adoptar el sistema de libertad económica o el de economía
planificada oficial
o estatismo, cuando con solo observar la historia de la
humanidad comprobamos que el avance contínuo de la misma
se logró siempre a expensas de los poderes estatales,
ya que la historia de la libertad es la historia de la
limitación de los poderes gubernamentales que oprimían
esa libertad.- Solamente tenemos que comprobar que el
desarrollo de la libertad a través de los siglos posibilitó
que en la actualidad aún la persona más humilde viva infinitamente
mejor (salud, educación, esparcimiento, traslados, comunicación,
progreso, etc. etc.), que cualquier rey o emperador de
la antigüedad.- Y justamente ello sucede y puede comprobarse
fácilmente en los países de avanzada del mundo donde impera
la libertad de mercado que acicatea el esfuerzo individual
en procura de mayores beneficios, beneficios que por el
efecto multiplicador de la economía se distribuyen entre
toda la población.-
Ya
en los prolegómenos de la Revolución de Mayo, con el Tratado
de Libre Comercio, propugnado por Belgrano, o con la Presentación
de los Hacendados, de Moreno, se logró la libertad económica
antes que la política. Los inmensos beneficios que ello
produjo en aquella época quedaron evidenciadoas al trocarse
un déficit de 1.800 pesos de entonces en un superávit
de 4.200 pesos, eliminándose así en consecuencia y en
forma inmediata el contrabando que originaba la regulación
virreynal de la economía.-
El
sistema de libertad contractual funcionó engrandeciendo
al país hasta mediados de la década del 30, en que se
reinicío la planificación estatal, a través de diversas
Juntas o Comisiones Reguladoras que entorpecieron
casi todas las actividades económicas florecientes
(azúcar, carne, yerba, granos, servicios públicos, alquileres,
etc. etc.).- Se llegó así al control de precios, demagógica
e ineficaz medida que nunca resultó ni resultará acertada
ni útil para los ciudadanos emprendedores
y por ende del país, por cuanto si sus habitantes
progresan con
su esfuerzo y capacidad y lógicamente prosperan, la Nación
se engrandece, y (vaya paradoja), también se benefician
quienes nada han aportado a ese progreso, antes bien se
opusieron ciega y tenazmente.-
El
empresario grande o pequeño, comerciante, industrial,
profesional, campesino u obrero, en sus respectivos emprendimientos,
obviamente busca su propio interés sin pensar específicamente
en la ganancia de los demás, pero aunque él no persiga
directamente el
beneficio ajeno, es innegable que su emprendimiento
ha de progresar en la medida en que beneficie al consumidor
de sus servicios, o sea al público en general, y en la
medida en que persista en tal actitud crecerá económicamente,
porque si mantiene a sus clientes y aún los incrementa
es porque les está brindando un beneficio que los mismos
consideran ventajoso.- Y cuando así no lo consideren,
dejaran de requerir dichos servicios y el prestador de
los mismos quebrará.- No son las palabras ni las buenas
intenciones las que privan, sino los hechos y sus consecuencias
(o sea la oferta y la demanda).- El pueblo no es tonto
y premia con el éxito a quien le sirve bien (o sea al
competente) y castiga con el fracaso a quien no lo hace.-
Tomemos
como ejemplo el caso de los super o hipermercados ya instalados
definitivamente entre nosotros a su costo y riesgo y a
los cuales concurre masivamente la población. Y quien
puede dudar que dicho éxito se debe a que los compradores
encuentran en dichos locales todas las ventajas y comodidades
que desean en sus compras, o sea toda la gama de artículos
o productos que un hogar necesita, sin tener que deambular
por diversos negocios distantes entre sí, con el consiguiente
ahorro de tiempo, además de precios convenientes a los
que la competencia obliga beneficiándose así los consumidores.-
También puede revisar comodamente el artículo que le interesa,
probarse la ropa, los zapatos, etc., sin que ningún vendedor
trate de convencerlo de la bondad del producto o lo urja
en su decisión.- Paralelamente también crean gran cantidad
de puestos de trabajo, muy superiores a los que puedan
desaparecer porque el negocio del barrio cerró por no
poder competir, o sea porque su clientela optó y prefirío
“egoístamente” beneficiarse.- Cambiar esta realidad mediante
leyes reguladoras, lo que ya se está haciendo en la Provincia
de Buenos Aires, es violar los derechos del individuo,
compulsarlo a actuar contra su propio razonamiento y consecuentemente
perjudicarlo eliminando compulsivamente los beneficios
que había libremente elegido.-
Ejemplo
opuesto, también como ejemplo tomado al azar, es el resultado
obtenido con disposiciones que prohibieron en la Provincia
de Buenos Aires la subdivisión de la tierra o fraccionamientos
como el malhadado Decreto Ley 8912 del año 1977 que vulnera
abiertamente el histórico derecho constitucional
(art. 14) que posee todo propietario de disponer
de su patrimonio libremente y beneficiarse como mejor
la convenga del producto de su esfuerzo.- Y valga también
aquí la contrapartida económica destacada en el ejemplo
anterior, ya que si el dueño de la tierra se beneficia
al subdividirla y venderla, obviamente ello sucede porque
existen compradores que se se benefician comprándola,
compradores cuyo poder adquisitivo no les permite adquirir
terrenos más amplios, por lo que han debido resignarse
a vivir en hoteles y pensiones precarias, villas miserias,
u obligando a los más desesperados o “vivos” a usurpar
propiedades circunstancialmente vacías por viaje de sus
propietarios, quienes al regresar se encuentran con una
total indefensión legal, ya que en el mejor de los casos
solo pueden recuperar sus ahora destruídas propiedades
luego de un largo trajinar tribunalicio con los consiguientes
costos de abogados y albañiles, cuando no corriendo riesgos
físicos por amenazas de los propios usurpadores, quienes
obviamente están política y legalmente asesorados.
Es un hecho que el nacimiento de pueblos que luego se
transformaron en ciudades fueron consecuencia de grandes
loteos realizados por empresas inmobiliarias (Vinelli,
A.C. Taquini y Cía., etc.), cuyas ventajosas condiciones
de venta atrajeron a innumerables familias que realizaron
el sueño de la casa propia, con el conocido efecto multiplicador
de la construcción, que produjo la radicación de todo
tipo de comercio, industria, profesión al servicio de
los nuevos “colonos”, que obviamente también contribuyeron
al crecimiento de dichos asentamientos, que luego devinieron
(como se dijera) en pueblos y ciudades.-
En
cambio y como consecuencia de los nefastos requerimientos
políticos, encarrilados a la obtención de votos mediante
el dictado de leyes supuestamente beneficiosas para la
población de menores recursos, (como la que impide la subdivisión de la tierra en lotes chicos),
solo se ha logrado el efecto contrario, o sea imposibilitar
que dichos “beneficiados” accedan a su terreno propio
pagándolo en cuotas a su alcance y sobre el cual, con
el esfuerzo y entusiasmo de toda la familia, aunque sea
los fines de semana, podía construir su hogar.- Solo en
el Partido de San Justo existen actualmente 250 hectáreas
de villas miserias y en todo el país son 3.600.000 los
habitantes que
viven en condiciones más que precarias, todo ello fruto
de las leyes “populistas”, que cortaron de cuajo el derecho
de que que alrededor de 100.000 personas accedieran a
una vivienda “digna”, tal como pregonan en el vacío insistentemente
los personeros políticos de turno.- Resulta innegable
que el propietario de la vivienda que es su hogar familiar
tendrá por ello el aliciente necesario para luchar y superarse
económicamente en defensa de tan preciado bien y aún mejorarlo,
contrariamente a la falta de perspectivas que tienen la
mayoría de
quienes deambulan de un hotelucho a otro o de una villa
miseria a otra, que al no tener nada que perder caen fácilmente
en el engaño de solucionar sus problemas por la vía delictiva,
hechos de los que da cuenta en forma creciente la crónica
policial diaria.-
En
conclusión, el
único camino que engrandece primero a los ciudadanos y
concomitantemente a sus países,
pasa por la no ingerencia
exagerada del Estado en los emprendimietos económicos
de sus ciudadanos, so pena de provocar la ruina de ambos;
ya que se origina un círculo vicioso porque el
empresario, optando por el mal menor, evade el cumplimiento
de las asficiantes
leyes ocultando operaciones y trabajando en negro, con
lo que al recaudarse menos se debe aumentar compensativamente
la carga de los contribuyentes, que éstos no pueden cumplir
y así sucesivamente hasta el colapso sino se entiende
definitivamente que la economía planificada o centralizada
ha fracazado definitivamente como así quedó demostrado
con el ejemplificador derrumbe interno del comunismo.-