Cámara de Propietarios de la República Argentina

Asociación Civil sin Fines de Lucro
Personería Jurídica Resolución I.G.J. Nº 460


Historia de CAPRA

Objetivos

Comisión Directiva

Representantes

Formulario de Asociación

Boletines

Notas

Consultas



Nota 1  |  Nota 2  |   Nota 3  |   Nota 4  Nota 5  |  Nota 6   Nota 7  |  Nota 8

Liberalismo o planificación estatal

 

Resulta incomprensible comprobar como aún se discute, aunque felizmente con menos entusiasmo que otrora , sobre la conveniencia de adoptar el sistema de libertad económica o el de economía planificada  oficial o estatismo, cuando con solo observar la historia de la humanidad comprobamos que el avance contínuo de la misma se logró siempre a expensas de los poderes estatales, ya que la historia de la libertad es la historia de la limitación de los poderes gubernamentales que oprimían esa libertad.- Solamente tenemos que comprobar que el desarrollo de la libertad a través de los siglos posibilitó que en la actualidad aún la persona más humilde viva infinitamente mejor (salud, educación, esparcimiento, traslados, comunicación, progreso, etc. etc.), que cualquier rey o emperador de la antigüedad.- Y justamente ello sucede y puede comprobarse fácilmente en los países de avanzada del mundo donde impera la libertad de mercado que acicatea el esfuerzo individual en procura de mayores beneficios, beneficios que por el efecto multiplicador de la economía se distribuyen entre toda la población.-

Ya en los prolegómenos de la Revolución de Mayo, con el Tratado de Libre Comercio, propugnado por Belgrano, o con la Presentación de los Hacendados, de Moreno, se logró la libertad económica antes que la política. Los inmensos beneficios que ello produjo en aquella época quedaron evidenciadoas al trocarse un déficit de 1.800 pesos de entonces en un superávit de 4.200 pesos, eliminándose así en consecuencia y en forma inmediata el contrabando que originaba la regulación virreynal de la economía.-

El sistema de libertad contractual funcionó engrandeciendo al país hasta mediados de la década del 30, en que se reinicío la planificación estatal, a través de diversas Juntas o Comisiones Reguladoras que entorpecieron  casi todas las actividades económicas florecientes (azúcar, carne, yerba, granos, servicios públicos, alquileres, etc. etc.).- Se llegó así al control de precios, demagógica e ineficaz medida que nunca resultó ni resultará acertada ni útil para  los ciudadanos emprendedores  y por ende del país, por cuanto si sus habitantes progresan  con su esfuerzo y capacidad y lógicamente prosperan, la Nación se engrandece, y (vaya paradoja), también se benefician quienes nada han aportado a ese progreso, antes bien se opusieron ciega y tenazmente.-

El empresario grande o pequeño, comerciante, industrial, profesional, campesino u obrero, en sus respectivos emprendimientos, obviamente busca su propio interés sin pensar específicamente en la ganancia de los demás, pero aunque él no persiga directamente el  beneficio ajeno, es innegable que su emprendimiento ha de progresar en la medida en que beneficie al consumidor de sus servicios, o sea al público en general, y en la medida en que persista en tal actitud crecerá económicamente, porque si mantiene a sus clientes y aún los incrementa es porque les está brindando un beneficio que los mismos consideran ventajoso.- Y cuando así no lo consideren, dejaran de requerir dichos servicios y el prestador de los mismos quebrará.- No son las palabras ni las buenas intenciones las que privan, sino los hechos y sus consecuencias (o sea la oferta y la demanda).- El pueblo no es tonto y premia con el éxito a quien le sirve bien (o sea al competente) y castiga con el fracaso a quien no lo hace.-

Tomemos como ejemplo el caso de los super o hipermercados ya instalados definitivamente entre nosotros a su costo y riesgo y a los cuales concurre masivamente la población. Y quien puede dudar que dicho éxito se debe a que los compradores encuentran en dichos locales todas las ventajas y comodidades que desean en sus compras, o sea toda la gama de artículos o productos que un hogar necesita, sin tener que deambular por diversos negocios distantes entre sí, con el consiguiente ahorro de tiempo, además de precios convenientes a los que la competencia obliga beneficiándose así los consumidores.- También puede revisar comodamente el artículo que le interesa, probarse la ropa, los zapatos, etc., sin que ningún vendedor trate de convencerlo de la bondad del producto o lo urja en su decisión.- Paralelamente también crean gran cantidad de puestos de trabajo, muy superiores a los que puedan desaparecer porque el negocio del barrio cerró por no poder competir, o sea porque su clientela optó y prefirío “egoístamente” beneficiarse.- Cambiar esta realidad mediante leyes reguladoras, lo que ya se está haciendo en la Provincia de Buenos Aires, es violar los derechos del individuo, compulsarlo a actuar contra su propio razonamiento y consecuentemente perjudicarlo eliminando compulsivamente los beneficios que había libremente elegido.-

Ejemplo opuesto, también como ejemplo tomado al azar, es el resultado obtenido con disposiciones que prohibieron en la Provincia de Buenos Aires la subdivisión de la tierra o fraccionamientos como el malhadado Decreto Ley 8912 del año 1977 que vulnera abiertamente el histórico derecho constitucional  (art. 14) que posee todo propietario de disponer de su patrimonio libremente y beneficiarse como mejor la convenga del producto de su esfuerzo.- Y valga también aquí la contrapartida económica destacada en el ejemplo anterior, ya que si el dueño de la tierra se beneficia al subdividirla y venderla, obviamente ello sucede porque existen compradores que se se benefician comprándola, compradores cuyo poder adquisitivo no les permite adquirir terrenos más amplios, por lo que han debido resignarse a vivir en hoteles y pensiones precarias, villas miserias, u obligando a los más desesperados o “vivos” a usurpar propiedades circunstancialmente vacías por viaje de sus propietarios, quienes al regresar se encuentran con una total indefensión legal, ya que en el mejor de los casos solo pueden recuperar sus ahora destruídas propiedades luego de un largo trajinar tribunalicio con los consiguientes costos de abogados y albañiles, cuando no corriendo riesgos físicos por amenazas de los propios usurpadores, quienes obviamente están política y legalmente asesorados.
Es un hecho que el nacimiento de pueblos que luego se transformaron en ciudades fueron consecuencia de grandes loteos realizados por empresas inmobiliarias (Vinelli, A.C. Taquini y Cía., etc.), cuyas ventajosas condiciones de venta atrajeron a innumerables familias que realizaron el sueño de la casa propia, con el conocido efecto multiplicador de la construcción, que produjo la radicación de todo tipo de comercio, industria, profesión al servicio de los nuevos “colonos”, que obviamente también contribuyeron al crecimiento de dichos asentamientos, que luego devinieron (como se dijera) en pueblos y ciudades.-

En cambio y como consecuencia de los nefastos requerimientos políticos, encarrilados a la obtención de votos mediante el dictado de leyes supuestamente beneficiosas para la población de menores recursos,  (como la que impide la subdivisión de la tierra en lotes chicos), solo se ha logrado el efecto contrario, o sea imposibilitar que dichos “beneficiados” accedan a su terreno propio pagándolo en cuotas a su alcance y sobre el cual, con el esfuerzo y entusiasmo de toda la familia, aunque sea los fines de semana, podía construir su hogar.- Solo en el Partido de San Justo existen actualmente 250 hectáreas de villas miserias y en todo el país son 3.600.000 los habitantes  que viven en condiciones más que precarias, todo ello fruto de las leyes “populistas”, que cortaron de cuajo el derecho de que que alrededor de 100.000 personas accedieran a una vivienda “digna”, tal como pregonan en el vacío insistentemente los personeros políticos de turno.- Resulta innegable que el propietario de la vivienda que es su hogar familiar tendrá por ello el aliciente necesario para luchar y superarse económicamente en defensa de tan preciado bien y aún mejorarlo, contrariamente a la falta de perspectivas que tienen la mayoría  de quienes deambulan de un hotelucho a otro o de una villa miseria a otra, que al no tener nada que perder caen fácilmente en el engaño de solucionar sus problemas por la vía delictiva, hechos de los que da cuenta en forma creciente la crónica policial diaria.-

En conclusión,  el único camino que engrandece primero a los ciudadanos y concomitantemente a sus países,  pasa por la no ingerencia  exagerada del Estado en los emprendimietos económicos de sus ciudadanos, so pena de provocar la ruina de ambos;  ya que se origina un círculo vicioso porque el empresario, optando por el mal menor, evade el cumplimiento de  las asficiantes leyes ocultando operaciones y trabajando en negro, con lo que al recaudarse menos se debe aumentar compensativamente la carga de los contribuyentes, que éstos no pueden cumplir y así sucesivamente hasta el colapso sino se entiende definitivamente que la economía planificada o centralizada ha fracazado definitivamente como así quedó demostrado con el ejemplificador derrumbe interno del comunismo.-

 

Dr. HORACIO CORTES SALVAGNO

Miembro de CAPRA

Cámara de Propietarios de la Rep. Arg.